Estudio de Hoy: Isaías 27:1-28:4

Texto Isaías 27:1-28:4

PROGRAMA No. 0829
ISAÍAS
Capítulo 27 - 28:4
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Al llegar al capítulo 27 de Isaías en este día, amigo oyente, muchos de nosotros nos damos cuenta que, aun cuando nos encontramos en un programa de 5 años, tenemos que continuar avanzando. En nuestro programa anterior, tratamos con lo que decía el capítulo 26, quizá de una forma demasiado rápida, pero ahora quisiéramos regresar al versículo 19 de ese capítulo 26 y mencionar algo que no debemos dejar de lado. Hablando honradamente, no vamos a seguir adelante sin haber dicho algo en cuanto al versículo 19. Permítame pues, leer este versículo 19, del capítulo 26 de Isaías; siga conmigo:
19Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos. (Isa. 26:19)

A esto que se menciona aquí debemos agregar el maravilloso hecho de que esta gente está mirando hacia atrás durante la época del reino aquí en la tierra, y también, que ellos habían pasado a través del período de la Gran Tribulación habiendo tenido dolores como la mujer encinta cuando se le acerca el momento del alumbramiento. Y, ahora se encuentran en el milenio, y el reino milenario está aquí. Y el profeta dice aquí: Tus muertos vivirán. Eso es como si fuera la voz de Jehová mismo interrumpiendo el arrobamiento del profeta cuando éste está mirando hacia atrás. Tus muertos vivirán. Bueno, ¿los muertos de quién? Creemos obviamente que se refiere a la nación de Israel. De eso es que está hablando en este capítulo, y él continúa diciendo, sus cadáveres resucitarán. Algunos entienden esto como una interpretación nacional de la nación de Israel, como se menciona allá en el capítulo 37, del libro de Ezequiel, donde tenemos la visión del valle de los huesos secos.



Hay otros que mencionan también Daniel, capítulo 12, versículo 2, y allí se habla de resurrección individual, de personas. Bien, alguien dice, eso no es una resurrección nacional e individual. ¿Verdad? Bueno, creemos que, en realidad, se refiere a ambas. Es difícil tener una resurrección de una nación, como se refiere aquí, sin tener una resurrección de personas o individuos, aquellos que constituyen esa nación. No vemos cómo se puede tener una resurrección de una nación sin tener la resurrección de las personas.

Ahora, estos muertos son incluidos en un coro de Aleluya y la palabra allí es: “¡Despertad y cantad!” Lo que nos impresiona en cuanto al reino milenario sobre esta tierra, es que usted y yo estamos viviendo en el presente en una tierra que en cierto sentido podríamos llamar un cementerio. Los muertos están por todas partes. Hay cementerios por todos los lugares; no hay ningún momento, del día y de la noche, cuando no haya algún muerto, y exista una procesión hacia el cementerio. Eso es algo de lo cual no queremos pensar mucho, porque no es un cuadro muy agradable, por cierto. Pero Dios dice que esta tierra nunca fue creada con la intención de ser un cementerio. Él va a detener eso, y va a cambiar ese proceso. Él resucitará de los muertos no sólo a los salvos, sino también a los perdidos, y ellos serán resucitados para juicio. El pensamiento que tenemos aquí es que esta tierra en la cual usted y yo vivimos no tendrá en el futuro un cuerpo muerto a través de toda la eternidad. Eso hará que éste sea un lugar bastante bueno para vivir.

Ahora, al llegar al capítulo 27 de Isaías, encontramos un tercer cántico maravilloso en cuanto al reino. Ya tuvimos otros dos allá en los capítulos 25 y 26, usted recuerda. Aquí concluye esto del reino, de la llegada del reino. En este capítulo concluye el cántico triple del reino. Y quisiéramos que usted se dé cuenta de como esto ha sido dividido. En los primeros 6 versículos, encontramos el cántico de la viña. Los versículos 7 al 11 nos dan la aflicción de Israel de sus enemigos. Y eso se presenta en contraste. Luego, tenemos el regreso seguro de Israel a la tierra prometida, y eso se confiesa. Eso lo leemos en los versículos 12 y 13.
Notamos en el versículo 1, que éste comienza con las palabras “en aquel día”. Y eso nos proyecta inmediatamente hacia el futuro. Ya hemos dicho que “aquel día", es una expresión técnica que se refiere al día del Señor, al día que comienza, como comienza el día hebreo, con el atardecer, con la época de la Gran Tribulación, y continúa hasta el reino milenario, y, hablando honradamente, amigo oyente, creemos que continúa hasta la eternidad. Porque esa salida del sol, ese amanecer, no concluirá jamás. Ahora, el versículo 1 de este capítulo 27 de Isaías, dice:

1aEn aquel día Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, (Isa. 27:1a)
Ahora, ¿qué es esa espada del Señor? Bueno, es la Palabra de Dios. Se nos dice en otra parte que, cuando el Señor Jesucristo venga, de su boca saldrá una espada de dos filos. Y con ella castigará a las naciones. Ahora, ¿se refiere esto en forma literal a una espada? Hay quienes opinan que hay que tomar las cosas literalmente, ¿piensa usted que aquí se habla de una espada en forma literal? Bueno, uno a veces descubre que hay lenguas así, y son bastante filosas, y la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. Claramente podemos identificar esto con la Palabra de Dios, con Su Palabra, y eso es todo lo que Dios tiene que hacer. Con Su Palabra, Él creó todas las cosas. Y con Su Palabra, Él juzgará.
Ahora, ¿a quién va a juzgar? Leamos la segunda parte del versículo 1:
1bal leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar. (Isa. 27:1b)

Aquí tenemos el castigo del Leviatán, y pensamos honradamente que este versículo tendría que estar al final del último capítulo, pero eso es un punto técnico digamos, y no vamos a entrar en argumentos en cuanto a esto. Lo importante de notar y de saber acerca de este versículo es que en aquel día, al comienzo del reino, el Señor Jesucristo castigará a la serpiente, al Leviatán, el cual es Satanás. Y él va a ser arrojado al abismo, y permanecerá en ese lugar por 1.000 años, según se nos dice allá en el libro de Apocalipsis. Creemos que podemos identificar a este aquí con Satanás.
Se nos dice que éste dragón que fue arrojado, es la serpiente antigua, llamada el diablo, y que engaña a todo el mundo. En Apocalipsis, capítulo 12, versículo 9 leemos: Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Y, en el capítulo 41 de Job, versículos 15 al 17, vemos que la gloria de su vestido son escudos fuertes. Amigo oyente, estaban allí para su protección; y Satanás piensa que él es invulnerable, que no puede ser tocado. Eso nos lleva por supuesto, a ver el gran orgullo que tiene Satanás. No creemos que él se dé cuenta, ni aún en este día, que él puede ser juzgado y castigado. Él piensa que probablemente está más allá del juicio del Dios todopoderoso. De paso, digamos que hay muchas personas que piensan así. Hay muchas personas que piensan hoy que no vendrá ningún juicio. Ellos ridiculizan una idea assim. Y, ese por supuesto, es un pensamiento Satánico. Y aquí tenemos referencia a esto.

Creemos que sería bueno destacar aquí el hecho de que varios intérpretes destacados de las Escrituras, piensan de él, o sea de este leviatán aquí, como Satanás, pero también lo consideran una referencia el río Tigris, que en cierto sentido serpentea en su cauce; y también al río Eufrates y el río Nilo, y allí se encontraba la nación de Siria. Babilonia también se encontraba al lado del río Eufrates, y Egipto al lado del río Nilo, y podemos ver cómo resulta todo esto. Estas naciones, los reinos de este mundo, pertenecen a Satanás. Y creemos que tenemos aquí un cuadro figurativo maravilloso. Este capítulo 27, comienza en realidad, con el versículo 2, donde dice:

2En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo. (Isa. 27:2)
Nos encontramos ahora en el milenio. Y, entonces, podemos cantar con ellos. Notemos lo que se menciona allí, una viña de vino rojo. Esto nos habla de la abundancia; nos habla de la abundancia de los frutos; del gozo. Esto está en contraste con el capítulo 5 de Isaías. Allí también tenemos el canto de la viña, pero es un canto fúnebre, triste. Esa viña era Israel y Dios la iba a castigar porque no había producido ninguna clase de fruto. Ahora, nos encontramos en el milenio, y aquí hay una abundancia de fruto. ¿Por qué? La respuesta la encontramos en el versículo 3 donde se nos dice:
3Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe (Isa. 27:3)

Esto debería informarle a ciertas personas que Dios no ha acabado aún con la nación de Israel. Estos son pasajes de las Escrituras que mucha gente ni siquiera lee. Y de seguro que, muchos de los que nos escuchan, ni siquiera lo han escuchado por radio antes de esto. Quizá usted no escuchó mencionar ninguna otra cosa al respecto en otra parte. Pero este es un pasaje de las Escrituras que nos habla muy claramente. Dios no ha concluido aún Su actuación, Su trato con la nación de Israel. Escuche lo que dice aquí en el versículo 5:
5¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo. (Isa. 27:5)
Ahora, el enemigo puede hacer su paz con Dios aun en el reino. Dios nunca deja de ser misericordioso. Y le damos las gracias a Dios por eso. Él es rico en misericordia y tiene gran abundancia de ella. Nosotros necesitamos mucho de Su misericordia y de Su gracia también que es abundante. Y vamos a descubrir que 10'000.000 de años de aquí en adelante nosotros hallaremos que aún existe la gracia para nosotros. Y la necesitaremos, aun cuando estemos en los cielos. Aquí encontramos una expresión un poco extraña: ¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo. Este es el único lugar en las Escrituras donde se sugiere que el hombre puede hacer paz con Dios. Uno escucha de esto mucho hoy: que ellos hacen paz con Dios.

Amigo oyente, ¿qué es lo que usted puede hacer para lograr paz con Dios? Él ya ha hecho la paz, y Pablo nos dice allá en su epístola a los Romanos, capítulo 5, versículo 1: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio del Señor Jesucristo. Este es el único lugar donde se dice de hacer paz. Y es en el milenio. Así es que hoy usted, amigo oyente, no tiene que hacer paz. Él ya la ha hecho. Usted no lo hace, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Y cuando usted esté listo a ponerse de acuerdo con Dios, usted confía en Él y acepta lo que Él ha hecho por usted cuando Cristo murió en la cruz. Y, entonces, usted tiene paz. No podrá obtenerla sino hasta entonces. Eso es lo que Él nos dice aquí. Ahora, el versículo 7, de este capítulo 27, dice:

7¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? (Isa. 27:7)
Este versículo comienza con una pregunta y creemos que ésta ya ha sido respondida aquí en el libro de Isaías. ¿Por qué persigue Dios a Israel más que a las otras naciones? Dijimos “persigue”, pero permítame cambiar eso. ¿Por qué juzga Dios a Israel más que a las otras naciones? Bueno, vamos a explicar esto. La luz que uno tiene crea más responsabilidad. En vista de que Israel ha tenido más luz, entonces su pecado es más negro, y su castigo es mayor. Esta nación seguro que recibirá más latigazos que las naciones que la habían subyugado antes. Recuerde lo que Dios dice allá en el libro de Amós, capítulo 3, versículo 2; allí dice: A vosotros solamente he conocido en todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades. El castigo de Israel de parte de Dios fue algo muy severo, pero Él no destruyó a esa nación como hizo con algunas otras. Allá en el salmo 118, versículo 18, leemos: Me castigó gravemente Jehová, mas no me entregó a la muerte. Él no permitirá que ellos sean destruidos. Volviendo ahora a Isaías, capítulo 27 que estamos estudiando, leemos en el versículo 9:

9De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, la remoción de su pecado; cuando haga todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los símbolos de Asera ni las imágenes del sol. (Isa. 27:9)
El pecado de Jacob fue quitado por medio de un holocausto de sangre, y el pecado de la nación será expiado por medio de la sangre de Cristo. Y cualquier persona que nos diga hoy, “Ah, Dios ya no tiene nada que ver con ellos”. Nos hace pensar esa gente: ¿por qué no leen los pasajes de las Escrituras como éste, por ejemplo? Tenemos aquí que las ciudades que Israel construyó iban a ser destruidas como cualquier otra ciudad que haya sido construida por un hombre que está lejos de Dios. Quizá usted ha podido apreciar algunas de las ruinas en Israel; por ejemplo, en Masada, qué juicio el de ese lugar. No ha habido nada como eso en la historia del mundo. No podemos entrar en eso ahora, pero ese fue un castigo del Dios todopoderoso. Y, ¿por qué? Porque ellos rechazaron la luz, y no sólo rechazaron la luz, sino que rechazaron a la persona del Hijo de Dios. Luego, leemos en la primera parte del versículo 13:

13aAcontecerá también en aquel día, (Isa. 27:13a)
Y nos encontramos en ese período ahora. Leamos todo este versículo 13, ahora:
13Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén. (Isa. 27:13)
Aquellos que habían sido desterrados van a salir en aquel día de esas naciones. Sin embargo, no vemos el cumplimiento de eso hoy. Amigo oyente, cuando Dios llegue a motivarlos, y Dios lo hará, entonces ellos saldrán y adorarán a Dios. De la misma manera en que Él nos llamó a usted y a mi, Él los llamará a ellos. Esta sección que tenemos ante nosotros nos revela de una manera muy directa que Dios tiene la intención de restaurar a la nación de Israel a la tierra prometida; y nosotros no tenemos ningún argumento con aquellos que dicen esto. Simplemente decimos lo siguiente: que ni siquiera existe una duda de que ellos van a ser restaurados en la tierra.

Es una cuestión de si usted cree o no cree en la Palabra de Dios. Y, si usted cree la Palabra de Dios, ¿qué hace con un pasaje como este? No se le puede espiritualizar. Porque aquí se habla acerca de naciones como Asiria, Egipto, Israel y Jerusalén. Todos estos son lugares descritos en forma literal. Dios dice que éstos van a ser restaurados literalmente. ¿Qué argumento puede presentar en cuanto a esto? Nuestra sugerencia es que si usted tiene una consideración elevada en cuanto a la Palabra de Dios, entonces, crea lo que Dios dice aquí.
Y llegamos ahora al capítulo 28. Tenemos aquí la invasión inmediata de Efraín, – ese es el reino del norte – de parte de Asiria. Y, aquí tenemos un cuadro del futuro y una advertencia para Jerusalén. Hemos finalizado con una sección, y ahora en este capítulo entramos a una sección completamente nueva. En los capítulos 24 al 27, estuvimos observando profecías que se referían completamente al futuro. Ahora, en los capítulos 28 al 35, tenemos otras profecías, las cuales se refieren a una situación local y que tienen un cumplimiento que ya ha pasado, ya ha ocurrido. Y ya hemos tenido esto en el pasado. Vamos va ver ahora que se nos presentan juntas en una forma maravillosa. Estas se extienden hacia el futuro, y cubren el mismo período que la sección anterior.

En ésta tenemos 6 ayes. Y esta sección culmina en la gran batalla de Armagedón, o la guerra de Armagedón debemos decir. Y eso es en el capítulo 34, y, luego, le sigue el beneficio del milenio, que es llevado a la tierra en el capítulo 35. Hay muchos que conocen acerca del capítulo 35, pero no conocen mucho acerca del capítulo 34 de Isaías.
Pues, bien, hablando ahora del capítulo que nos concierne hoy, el capítulo 28, tenemos una ilustración muy buena de la combinación de las profecías cercanas y futuras; de los hechos pasados y de los hechos futuros; aquello que ha sido cumplido, y de aquello que será cumplido. De aquello que es local e inmediato, y aquello que es general y en el futuro lejano. Ahora, el reino del norte de Israel se define aquí por el nombre de Efraín, y este reino muy pronto irá a la cautividad Asiria. Fue en el año 721, cuando el rey de Siria, Salmanasar, invadió al reino del norte, derribó el reino y tomó a la gente en cautividad. Eso es lo que tenemos ante nosotros. Tenemos, pues aquí, la inmediata caída a la cautividad de Efraín. Y el primer versículo de este capítulo 28, dice:

1¡Ay de la corona de soberbia de los ebrios de Efraín, y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del valle fértil de los aturdidos del vino! (Isa. 28:1)
Aquí se refiere al reino del norte. Una de las cosas que ha hecho caer a tantas naciones ha sido el licor, el alcohol. Los ebrios que se mencionan aquí son literalmente borrachos, y también aquellos que lo son espiritualmente. Y, cuando lo son espiritualmente, están llenos de orgullo y borrachos de soberbia. Se encuentran en un estado de estupor en cuanto al entendimiento espiritual. Ahora, en el versículo 3, encontramos lo siguiente:

3Con los pies será pisoteada la corona de soberbia de los ebrios de Efraín. (Isa. 28:3)
Quizá a usted no le guste eso. Pero Dios nunca pide disculpas. Él nos dice que eso es lo que Él hizo. El profeta nos presenta aquí este cuadro de una persona borracha, y esta es una civilización de alto nivel que había sido desarrollada en el reino del norte. Todo lo que uno tiene que hacer hoy es ir a una montaña de Samaria, donde está el palacio que construyeron Omri y Acab. Allí es donde vivieron Jezabel y Acab. Y, amigo oyente, el Señor siempre le da a los impíos y a los ricos los mejores lugares para vivir. Y creemos que quizá sea algo justo, ya que ellos no van a tener un buen lugar donde estar en la próxima existencia, en el próximo mundo, así es que tienen las cosas más lindas aquí. Ese es un lugar muy hermoso en esa tierra. De allí, uno puede contemplar el mar Mediterráneo, el valle del Jordán, el monte Hermón cubierto de nieve al norte, y los muros de Jerusalén hacia el sur. Amigo oyente, usted no buscaría un lugar más hermoso para vivir. Sería bueno poder comprarse un terreno en ese lugar y edificar una casa donde vivir. Es un lugar muy bueno. Pero, Dios juzgó a esta gente; a esta alta civilización, y Dios los derribó. Luego, en el versículo 5, vemos que las cosas se mueven hacia el futuro. Y comienza diciendo:
5En aquel día. . . . (Isa. 28:5)

Y, amigo oyente, también nosotros vamos a movernos hacia el futuro y vamos a esperar hasta nuestro próximo programa, Dios mediante, para continuar con nuestro estudio. Y como es nuestra costumbre, le sugerimos leer el resto de este capítulo 28 de Isaías, para estar mejor informado de lo que trataremos en nuestro próximo estudio. Le invitamos pues, a sintonizarnos en la continuación de este estudio del libro del profeta Isaías. Será pues, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, pero antes, dejamos con usted estas palabras de Isaías: Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. Hasta pronto, ¡y que el Señor le bendiga!