Entre muchos, tú

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“Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos… Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.” 1ª Juan 1:1-3

El capítulo tres de San Juan narra la charla privada que tuvo  Jesús con un doctor de la ley llamado Nicodemo. Podemos resaltar algunas cosas importantes. Me impactan las tres palabras con las que comienza el capítulo: Había un hombre. Si recuerdas el capítulo dos termina con Jesús en la fiesta de la pascua, rodeado de gente y con muchos que liban creyendo en Él, así lo puedes leer en 2:23. Pero de la popularidad de las masas, el Señor pasa a la inoportunidad de un visitante nocturno y le atiende con toda solicitud. Es que para Él es tan importante una muchedumbre sin pastor, como una turba enfurecida, como un maestro religioso confundido. Para Él no hay ser insignificante ni inoportuno, todos somos iguales y a cada uno nos brinda su especial atención. Si piensas que Jesús está muy ocupado o muy cansado para atenderle, te quiero decir que si Nicodemo hubiera pensado así, nosotros hoy ni sabríamos su nombre.


Recuerda, nadie es tan insignificante para no ser atendido por Dios ni tan importante para no necesitar de Él. El evangelio y el mensaje de Dios para el hombre es personal. Por eso entre los muchos del capítulo dos nos encontramos ahora a uno sólo hombre en el capítulo tres. Un principal líder religioso. Un gran conocedor de la ley, los salmos, los profetas. Un hombre que ante la opinión de los demás estaba más cerca de Dios que ningún otro, pero sin embargo, un hombre con un profundo conflicto y una gran sed de Dios. Muchos hoy en día se jactan y se escudan detrás de un supuesto conocimiento de las cosas espirituales o aún de la Biblia misma, pero permíteme decirte que si no tienes ese interés especial en conocer a Jesús de una manera más cercana que el resto como, tuvo Nicodemo, es conocimiento, nada más. Para encontrar la respuesta a tus preguntas debes dirigirte a Dios personalmente, individualmente y sin argumentos que te pretendan justificar más que el sincero reconocimiento de tu pecado y de tu confianza exclusiva en el Salvador. No te quedes escondido ni en tus prejuicios ni en tu grupo. Dirígete a Jesús en la noche de tu confusión y deja que Él te alumbre con su luz.

Por: Pablo Martini
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